Mediación familiar

¿A quién va dirigida la mediación familiar?

La mediación familiar va destinada a conseguir acuerdos sobre distintos aspectos fundamentalmente en dos situaciones:

  • Separaciones de pareja.
  • Conflicto entre miembros de una familia con cualquier grado de parentesco.

 

 

¿Qué se conigue con una mediación?

No se trata de una terapia de pareja en la que se busca mejorar las relaciones sino de llegar a acuerdos sobre temas concretos como por ejemplo: custodia de los hijos, reparto de bienes, desavenencias tras el fallecimiento de familiares sobre herencias, etc.

Se trata de que un conflicto no termine en una guerra. Queremos destacar ejemplos frecuentes:

  • En muchas ocasiones, se termina la relación de pareja pero por ello no se deja de ser padres de los mismos hijos y es conveniente para todos poder estar de acuerdo, para garantizar una estabilidad y un desarrollo adecuado de los hijos.
  • Otra situación que ocurre en numerosas ocasiones son los conflictos entre hermanos ante el cuidado de sus padres por envejecimiento o enfermedad. Suelen surgir desavenencias por la toma de decisiones en el reparto de responsabilidades o asuntos sobre los cuidados. Prevenir futuros problemas y llegar a acuerdos facilita el atravesar no solo esos momentos sino los venideros.
  • Los temas referidos a sucesiones pueden generar muchos problemas innecesarios en las familias. Esto se da con frecuencia y los implicados suelen coincidir en que es triste que por motivos económicos se estropeen relaciones familiares.

 

 

¿Cuándo acudir a mediación familiar?

Puede prevenir o ayudar tanto antes de un juicio para ahorrarse procesos complicados y dolorosos como durante un juicio para simplificar las cosas.

Incluso si hay sentencia, se puede llegar a acuerdo y solicitar la modificación.

 

 

¿Qué hace el mediador y cómo es un proceso de mediación?

El mediador no es un árbitro que impone ni un asesor que dice lo que es lo conveniente. Tampoco se trata de una terapia para arreglar la relación de pareja.

No se acude a un proceso de mediación a echarse cosas en cara y sacar resentimientos ni tampoco a ceder o perder.

El mediador mantiene una actitud neutral y ayuda a las personas que acuden a la mediación a comunicarse, escucharse de una manera diferente, comprender la postura del otro y gracias a determinadas estrategias posibilitar el acuerdo.

Además, propone herramientas concretas que facilitan caminos para poder llegar a dichos acuerdos.

Se trata de buscar acuerdos que sean positivos para todas las partes. La solución pasa por un yo gano-tú ganas e incluso otras personas ganan: hijos y personas que nos quieren y que están alrededor del conflicto.

 

 

 

¿Qué puede aportar un proceso de mediación familiar?

Las personas llegan a acuerdos libremente sin que otros decidan por ellos. Por ello, es más probable que dichos acuerdos sean cumplidos más fácilmente que los establecidos por terceros.

Como se trata de llegar a acuerdos en los que nadie pierda, todos van a sentirse satisfechos con el resultado. Esto asegura un mejor cumplimiento de lo acordado.

La mediación puede evitar tener que llegar a procesos judiciales o si éstos se dan pueden resultar menos largos y costosos tanto emocional como económicamente.

Al ser un proceso más breve y más sencillo emocionalmente además de con mayor probabilidad de cumplimiento, también tiene menor impacto negativo sobre los hijos o sobre otras personas del entorno